EL DIBUJO EN LA PINTURA VENEZOLANA
DURANTE EL SIGLO XIX
Las artes plásticas en Venezuela, han estado signadas a lo largo del tiempo por diversas circunstancias de carácter diverso económico, político, social, que de alguna u otra manera han influido en las diversas corrientes surgidas en la historiografía artística nacional y dentro de ellas el dibujo como base para la ejecución de algunas obras dada su utilidad en la realización de bocetos, modelos al natural y estudios científicos, por nombrar algunos ejemplos.
En la escuela caraqueña a finales del siglo XVIII (en el periodo colonial) la temática pictórica era muy religiosa y falta de academicismo en el dibujo. Luego a inicios del siglo XIX Lovera inicia la pintura Histórica, aun con ciertas fallas, pero dando un importante paso para la pintura venezolana.
A mediados del siglo XIX, hay una fuerte tendencia por parte de naturalistas, botánicos y cierta cantidad de artistas tanto venezolanos como extranjeros en estudiar y conocer las particularidades climáticas, geomorfológicas, topográficas, tipológicas en fauna, flora y vegetación de nuestro país brindando una mirada diferente al dibujo venezolano de entonces.
Esta mirada es la que sirve para proponer un naturalismo propio de esta zona del globo con ciertas características que le hacen único, tales como: la asimilación extranjera de estas particularidades conjuntamente con la asimilación propia de las mismas.
Las Artes Plásticas en Venezuela finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
Desde los tiempos de la colonia existieron en la Capitanía General quienes se dedicaron con mayor o menor esfuerzo a la enseñanza del dibujo. Primero fueron algunos maestros venidos desde la metrópolis y otros países, y luego los que se formaron en aquel ambiente pobre en posibilidades artísticas.
La vida cultural venezolana durante los siglos XVIII y XIX forjada en una sociedad cuyos preceptos morales y educativos per¬tenecían más a la edad media que a la época contemporánea. Este retraso cultural los viene por vía expedita desde que España quiso trasladar o copiar su sociedad decadente sobre las vírgenes comu¬nidades indígenas. No se trata en esta ponencia reeditar la vieja polémica entre la leyenda negra y la leyenda dorada, pero, si haceros un balance al respecto y en cuanto al aspecto cultural se refie¬re, podemos llegar objetivamente a la conclusión de que la influen¬cia hispana en la sociedad venezolana, la excesiva religiosidad y el carácter despótico que se impuso como un sello a la colonización llenó de oscurantismo y de regresión a la población, al mismo tiempo que frenó todo intento creativo de desarrollo cultural que estuviese a tono con las nuevas corrientes y doctrinas que se asimilaban en el resto del mundo. El arte en Venezuela estuvo en pañales, se inició un movi¬miento artístico después de la instalación de la Compañía Guipuzcoana en 1730.
La pintura de este período se encuentra desligada del resto de manifestaciones latinoamericanas cuya temática es religiosa; de hecho, lo está también de la misma pintura colonial precedente. Autores como Miranda Rico escriben sobre un resabio colonialista como una tendencia bien definida, un pasar a otra fase en la temática pictórica donde los artistas extranjeros y compatriotas se relacionan:
El resabio colonialista se intuye por el amoral retrato que se proyecta por todo el periodo y el respeto que se tiene del hombre, no como simple posición de tinte social, como en el caso de España y Goya, por ejemplo, sino como una inclinación hacia el balance entre la temática y los factores estilísticos de complemento. En este grupo pueden ser incluidos algunos artistas nacidos en otras tierras, pero que adoptaron a Venezuela como su segunda patria.
En las bodegas de sus barcos llegaron las primeras partituras de música sacra para que el Padre Sojo fundara su escuela en 1770, los primeros pianos llegaron a Caracas 26 años después (en 1796). La pintura fue generalmente anónima y religio¬sa, sólo sobresale el pintor Juan Pedro López.
Hacia finales del período colonial se dio el comienzo del nuevo periodo de la pintura venezolana, el periodo de la “pintura histórica”. La nota característica de esta producción pictórica va a ser la conformación de un género plástico adecuado a rasgos eminentemente nacionales resaltando que, encontramos en la forma más clara y amena, la más notable explicación de cómo la tradición artística de los pueblos es influida por las condiciones geográficas, políticas, climáticas, costumbres y modo de pensar, religión y tradición histórica. En una palabra, según el ambiente que la rodea." Esta tradición partirá desde finales del siglo XVIII con la conformación de la Escuela Caraqueña hasta las creaciones de pinturas populares o anónimas con un sello marcadamente religioso en la concepción de su temática. Este tipo de pintura realizada durante la época de la colonia se establece como una de las más interesantes herencias dentro de la plástica venezolana y consecuencia de una alta sensibilidad de los pintores por la producción de estas obras.
Hacia el siglo XIX, la pintura venezolana se caracteriza por el género de la “pintura histórica”, los paisajes eran simplemente un telón de fondo y los retratos pasaron a un segundo plano. Se ofrecían becas para perfeccionar estudios en París y, al mando de Guzmán Blanco el desarrollo de las artes durante la primera mitad del siglo es bastante significativo.
Con el grito de inde¬pendencia vendrían Juan Lovera, iniciador de la pintura histórica, Herrera Toro Martín Tovar y Tovar, Cristóbal Rojas y Arturo Michelena.
La gesta independentista irrumpe contra el modelo cultural establecido por España. Se revela el espíritu creador y la temática se vuelve más pagana, los temas históricos van a sustituir a los religiosos. No obstante las guerras civiles internas en las que estu¬vo inmerso el país, la cultura en general lograron un inicie impor¬tante que va a ser consolidado con el decreto de la instrucción pú-blica gratuita en el último tercio del siglo XIX.
El dibujo en la pintura venezolana durante el siglo XIX
Representantes que sobresalieron.
Juan Lovera.
Martín Tovar y Tovar.
Con Tovar y Tovar (1828-1902), la pintura venezolana retornó el hilo roto tras la espléndida primera incursión de Juan Lovera. Este pintor inauguró lo que se convertirá, más que en una costumbre, en una suerte de rito obligatorio para todos los artistas venezolanos hasta mediados del siglo XIX: cursar estudios en Paris, al regresar a Venezuela, trajo consigo las modas parisienses del neoc1asicismo y el romanticismo, temperadas por el colorismo de maestros españoles como Vicente López y Federico de Madrazo.
Tovar y Tovar fue un dibujante de trazo tan seguro como David, obsesionado con la precisión técnica, que logró una «feliz adaptación de la pintura de Historia como se desarrolló en la Francia napo1eónica y postnapo1eónica al escenario tropical», según Picón Salas. Sus obras maestras son los grandes lienzos en los que recogió las principales batallas de la Independencia La firma del Acta de la Independencia, Junín, Boyacá, Ayacucho y el enorme fresco que decora el techo del Salón Elíptico en el Capitolio Nacional de Caracas, en el que se representa la batalla de Carabobo.
Antonio Herrera Toro,
fue el gran retratista del siglo XIX y, junto con Emilio 1.Mauri (1855-1908), el continuador de la escuela de Tovar y Tovar. Más que ningún otro pintor, contribuyó a forjar los rasgos estilísticos y aun psicológicos del retrato de la alta sociedad caraqueña, sedienta de reconocimiento oficial después de décadas de descomposición social.
Cristóbal Rojas,
nacido en el seno de una humilde familia de Cúa, en sus inicios fue ayudante de Herrera Toro. Este pintor es uno de los más interesantes de toda la tradición pictórica venezolana; José Nucete Sardi en Notas sobre la pintura y la escultura en Venezuela, 1950-10 ha definido como «el más inquieto y doloroso de los pintores venezolanos». En 1883 fue becado por el gobierno de Guzmán Blarico y marchó a París, donde coincidió, dos años después, con Arturo Michelena o Ni Rojas ni Miche1ena parecen haberse interesado por los impresionistas, que ya daban mucho que hablar en la capital francesa. Por el contrario, ambos recibieron su formación en uno de los templos del academicismo, el taller de Jean-Paul Laurens. Quizás la explicación de este relativo retraso histórico de los mejores pintores venezolanos de la época se deba a lo apuntado por Picón Salas: «Para triunfar en Venezuela y ello será prolongada norma hasta Tito Sa1as era necesario saber pintar caballos al galope, cargas de lanceros y fusi1eros, uniformes, cañones, presillas. Nadie podía enseñarlo mejor que Monsieur Laurens, que había modernizado la técnica de neoc1ásicos y parnasianos».
Pero tanto Rojas como Miche1ena fueron sensibles al naturalismo francés, bebido en sus fuentes: las novelas de Émile Zola. Rojas, sobre todo, que había visto las obras de Daumier y el tenebrismo de Caravaggio y Ribera en el Louvre, dejará que cuadros suyos como La Miseria (1886; hoy en la catedral de Caracas), El Plazo vencido (1887; colección GAN) y El Purgatorio (1890; colección de la iglesia La Divina Pastora, Caracas) se impregnen de patetismo. Cuando regresóa Venezuela, en 1890, enfermo ya de la tuberculosis que le será fatal, había pintado el célebre Autorretrato con sombrero rojo (1887; colección GAN), una obra cumbre de este género en Venezuela. Sus últimas obras, entre las que se destacan Muchacha vistiéndose (1889; colección GAN) y La lectora (1890; colección particular), así como sus bocetos a lápiz, dejan adivinar 10 que hubiese podido dar el “excepcional talento de este joven pintor, muerto e18 de noviembre de 1890, a los 31 años”.
Arturo Michelena,
un genio en la pintura, contrajo una tuberculosis que segó su vida apenas ocho años después de la muerte de Rojas. Así como Rojas fue un extraordinario colorista, Michelena fue un maestro del dibujo y de mucha seguridad en su trazo. Sobre la seguridad que tenía en el dibujo clara mente se refleja en algunas de sus acuarelas, pues sin necesidad de un boceto previo o líneas de referencias, el, logra genialmente armar la composición sin síntomas de desproporciones o errores compositivos. Dejo extraordinarios dibujos y bocetos de proyectos y encargos.
El pensamiento
En las artes para este entonces, con los artistas que pertenecían a la academia, se veía el dibujo como una base (esto se sostiene en la actualidad), el uso que se le daba era solo para tomar apuntes y para armar la composición. Mas el ejecute no era con motivo de obra final. Pero es necesario tener un completo conocimiento del dibujo pues es donde se soporta y nacen sus pinturas.Las ideas republicanas tienen en el dibujo también una herramienta de divulgación ideológica. Es así como el dibujo va evolucionando hasta constituirse en una de las manifestaciones más trabajadas desde la perspectiva utilitaria abarcando ámbitos.
La Sociedad Económica de Amigos del país propicia la creación de la Escuela de Dibujo y Pintura, inaugurada en 1839.Es notable lo prolífica de esa época en lo que al dibujo respecta, el dibujo topográfico por ejemplo se desarrolla gracias al incentivo de Agustín Codazzi, Carmelo Fernández, entre otros.
En las expediciones realizadas por Humboldt y sus compañeros muchas veces discípulos, el dibujo exalta la capacidad visual de los mismos, quienes prestan atención al detalle, líneas finas de precisión científica en las composiciones precisamente para diferenciar las múltiples especies objeto de su asombro. Estos dibujos constituyen un registro científico importante aun cuando no se presentaran innovaciones de mayor peso.
Elementos en el dibujo venezolano en el siglo XIX
Uno de los elementos propios el dibujo en este tiempo es su espíritu de observación y descripción de la realidad tal y como se presenta, sin explicarla desde el propio yo como en la pintura moderna (ismos que surgen en principios de el siglo XX ) explica el artista su obra sino mas bien desde el punto de vista más objetivo posible, es decir que la obra hable por si sola. El artista en compenetración con su mundo externo refleja la realidad de su entorno.Ser testimonios e ilustrarnos de acontecimientos históricos, y retratar a Venezuela como era en aquel entonces.
La proyección hacia lo social, cuestión que en los dibujos de los artistas viajeros, exploradores, botánicos estaba siempre presente al realizar sus estudios y colecciones, así como también la seguridad propia de esta técnica.
El naturalismo dibujístico del siglo XIX refleja la conciencia de los artistas extranjeros en parte, por el interés de estudiar el trópico y verificar ciertas teorías emergentes en Europa para esta época y, por otro lado asumiendo los riesgos que esta aventura les originaba.
Los pintores viajeros.
Entre los principales científicos, botánicos y estudiosos extranjeros pueden mencionarse a Alejandro Von Humboldt, Federico Bonpland, Agustín Codazzi, quienes dejaron su huella en el arte venezolano, sobretodo en el área dibujística.Para dar un ejemplo de estos exponentes tenemos a Karl Moritz (Klein-Santersleben, Alemania: 16 de diciembre de 1797; Colonia Tovar, Estado Aragua, Venezuela: 26 de junio de 1866.) botánico, especializado en zoología y, dentro de ésta entomólogo. Llegó a La Guaira en julio de 1835, desde ese momento estuvo en los alrededores de Caracas, el oriente del país, los estados Trujillo y Mérida, navegando por los ríos Apure y Orinoco con Ferdinand Bellermann y el naturalista Nicolás Funck. A mediados de 1845 se residencia definitivamente en la Colonia Tovar, encontrándose sus restos en el Cementerio de los Fundadores de dicha zona; de hecho, allí se encuentran una curiosa estructura arquitectónica y costumbres foráneas.
Ferdinand Bellermann, nació en Erfurt en 1814, en el seno de una familia liberal. Viajó por Venezuela entre 1842 y 1845. Estuvo en Caracas, siguiendo la ruta de Humboldt, la Colonia Tovar, Puerto Cabello y Mérida. De él expresa Luis Ángel Duque.
Pero, apreciando la calidad de sus dibujos perfectos y de sus vibrantes óleos tenemos la certeza de que aunque trabaja lentamente, pintando solamente una decena de obras por año cultivaba la otra cara de la moneda, de su negación a la vida pública, pues su emoción y la euforia de su existencia estaban en la reconstrucción de la naturaleza de nuestro país, revelándolo por medio del arte.
Mientras en Venezuela se sucedían los fastos ridículos de gobiernos, asonadas y revueltas, pretendidamente nacionalistas, un pintor casi anónimo, en los intervalos de los inviernos grises berlineses teñidos de hollín, rehacía nuestra fisonomía natural.
Bellermann en sus bocetos y estudios a lápiz, se distingue por su atencional detalle en la representación de árboles, arbustos y vegetación paisajística, ejecutados al aire libre. En su conjunto de obras de taller se caracteriza por darle un toque personal a sus pinturas.
Así como este artista, existen otros cuyo paso por Venezuela, incluso su estancia definitiva en el país contribuyó de forma significativa a la botánica primeramente y, luego, a las artes desde la perspectiva dibujística: Nicolás José Jacquin, Robert H. Schomburgk, Jean Jules Linden, Eduardo Otto, Hermann Karsten, quien publicó una impresionante iconografía sobre nuestra flora, August Fendler, Pedro Löefling, Alfred Roussel Wallace, el ornitólogo y acuarelista Anton Goering, el explorador francés Jean Chaffanjon. Entre los naturalistas venezolanos mencionamos a José María Vargas, Agustín Codazzi y Arístides Rojas.
Uno de los artistas relacionados con Bellermann y con Karl Moritz fue Lewis Brian Adams, quien participó en la Real Sociedad de Artistas Británicos y en la Real Academia de Londres entre 1829 y 1844, es así como puede notarse la consecuente relación de estos artistas viajeros.
Influencia de los viajeros en la plástica venezolana.
Es de hacer notar que, fueron significativos los aportes de estos artistas, botánicos y extranjeros en la Venezuela del siglo XIX, que se considera hablar de un naturalismo emergente. A este respecto, las ideas de Hamilton son esclarecedoras, por esta razón se considera más la tendencia hacia el naturalismo, difiriendo claramente del realismo:Si bien las artes florecieron, la aceptación a ciegas del modelo extranjero afectó la visión interpretativa del artista venezolano y los temas que escogía pintar. El resultado según el curador del Centro Cultural del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) de Washington, fue un divorcio entre el arte y la realidad social.
La influencia de los viajeros radica en gran medida en su destreza dibujística y la transmisión de la misma a sus discípulos dejando diversas anotaciones. Humboldt, Bonpland y Depons se esmeraron por agrupar estos dibujos en forma enciclopédica. Sin embargo, estos dibujos no muestran aportes significativos a las ciencias, dado que poseen un carácter descriptivo. Aun así es innegable el interés que estos artistas despiertan en la admiración y estudio por el trópico.
De los naturalistas viajeros puede tomarse, el hábito clasificatorio con el que emprendieron sus estudios, los cuales han servido para la clasificación de especies en la fauna y flora venezolanas.
En lo que al dibujo se refiere, puede extraerse la calidad en el detalle, la motivación por plasmar los paisajes que se presentaban a su mirada europea que, posteriormente preparó el terreno para el cultivo del terreno artístico a pesar de la situación política que atravesara el país.
Herrera Toro, Cristóbal Rojas, Juan Lovera, entre otros, pero como producto de la interacción cientificista.
Puede decirse que la influencia extranjera tuvo en el desarrollo del dibujo venezolano un claro papel que va más allá de lo anecdótico propio de las expediciones que se llevaron a cabo y más allá de los intereses individuales a pesar de ciertas miradas estrechas y deterministas como la de Carl Sachs en su estudio sobre los gimnotos venezolanos.
Muere la academia, se disuelve el dibujo.
Con la muerte de herrera toro a quien le quedo como herencia, la dirección de la escuela, todo el conocimiento del academicismo, muere con el en 1914.Otra figura importante de este momento de transición es Tito Salas, el último gran pintor academicista venezolano. Se formó, como sus ilustres predecesores, en la academia parisiense de Jean-Paul Laurens, «quien en su larga vida y magisterio señala con ironía Picón Salas parecía predestinado a adiestrar pintores venezolanos». Por fortuna, Salas no se limitó a absorber el ya por entonces rancio academicismo francés. Hombre de cultura y curiosidad literaria, frecuentó en París, antes de la Gran Guerra, al nicaragüense Rubén Daría y al venezolano Rufino Blanco Fombona. Pero, sobre todo, Salas es el primer pintor venezolano que, desde la ruptura con España, vuelve la mirada hacia la Península, un gesto que repetirá posteriormente Ar mando Reverón, el gran pintor venezolano del siglo XX. En España, Salas descubrió la pintura de Ignacio Zuloaga y redescubrió el negrismo de los grandes maestros españoles. Esta experiencia dejó una profunda huella en su estilo. Aureolado de medallas y títulos obtenidos en París, Salas recibió del gobierno venezolano el encargo de realizar un Tríptico sobre la vida del Libertador, destinado al sancta sanctorum de la pintura oficial venezolana: la galería del Palacio Federal, adornada con los grandes óleos épicos de Tovar y Tovar y Michelena.
Salas, el último épico
A principios del siglo XX aparece en 1912 el circulo de bellas artes que da inicio al modernismo el la plástica venezolana, y una de sus características es que el sentido dibujistico cambia y una desventaja es que poco a poco aquel dibujo analítico de el periodo de la pintura histórica o el naturalismo de los pintores viajeros va perdiendo importancia.
Un pequeño Analisis
La Venezuela pictórica del siglo XIX estuvo enmarcada dentro de lo que se denominó el período guzmancista y estuvo caracterizada principalmente por el florecimiento de las artes en todos los sentidos: música, arquitectura, escultura, esto en la primera mitad del siglo.Mostrando en clara definición por el detalle, debido a las exigencias descriptivas de estos estudios, el dibujo se desarrolla paralelamente a la plástica de los grandes como Tovar y Tovar, Antonio Herrera Toro, Cristóbal Rojas, Michelena, entre otros.
Pero como producto de la interacción cientificista, Posteriormente siguió un clima desolador durante el cual, los naturalistas extranjeros que se acercaban al país se concentraron en realizar estudios sobre la tierra que tantos enigmas les ofreció.
Esta situación permitió estrechar relaciones con algunos artistas y científicos venezolanos, quienes se interesaron de igual manera en volver la mirada hacia su propio territorio
Merece ser destacada la presencia en Venezuela durante el turbulento período que siguió a la caída de la Primera República (1812) de un número considerable de artistas extranjeros.
Entre 1825 y 1830, antes de la disolución de la Gran Colombia, llegaron el comerciante y acuarelista holandés Meinhard Retemeyer y el diplomático, escritor y pintor inglés Robert Ker PorteroDurante los años de la hegemonía política de Páez, entre 1830 y 1848, descubrieron el país los pintores ingleses Lewis Brian Adams y Joseph y Charles Thomas, y los franceses Jean Feuille, Théodore Lacombe, Eugéne forjonel y Jean-Baptiste-Louis Gros, así como el dibujante, litógrafo y fotógrafo alemán Federico Lessmann y, sobre todo, Ferdinand Bellermann. La obra de Bellermann, muy influido por las ideas de Alexander von Humboldt, y convencido como él de la necesidad de explorar el paisaje tropical, se plasma en apuntes, bocetos y estudios de la naturaleza venezolana que le valieron la denominación de «pintor de selvas vírgenes». Su importancia fue saludada en 1991 por la GAN en la exposición « Ferdinand BelIermann en Venezuela. Memoria del paisaje, 1842 - 1845 ».
De los otros artistas extranjeros que visitaron el país en la primera mitad del siglo son notables el Retrato del licenciado don Pedro Pablo de Ascanio Ibarra (1844), de Charles Thomas; una vista de las Ruinas del convento de La Merced (1838), de Gros; una temprana Caracas, vista de la ciudad hacia el valle de Antímano (1826), de Retemeyer, y el Lago de Valencia (1832), de Ker Porter.






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